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PRÁCTICAS ARTÍSTICAS RADICALES
Diego De La Vega (Fran Ilich)
El tema de la mesa al que Tomás Ruiz-Rivas
nos convoca, prácticas artísticas radicales, me dió
mucho de qué pensar, en el buen sentido porque la verdad
lo menos que me gusta es ser auto-complaciente... Y aunque entiendo
bien a lo que nos referimos con ese tema, no lo quise reducir a
lo obvio. Y a la conclusión que llegué al pensar en
cuál sería una práctica artística radical
en un país como este, no pude pensar en otra cosa que en
ese monstruo de mil tentáculos que lleva por nombre Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, y que depende de la Secretaria
de Educación Pública, una institución federal
dirigida por una señora, autora de un libro que la librería
gandhi cataloga bajo Desarrollo humano y que lleva por nombre: Dios
Mío, hazme viuda por favor. Bueno, ¿Tengo qué
decirlo? Eso me parece bastante radical. Difícil de vencer,
de hecho, pero no. Podemos ir todavía más allá.
Porque esa señora es la que dirige la educación pública
en México y de alguna forma el asunto del arte y la cultura.
Y a su vez, esta mujer es parte del gabinete de un señor
que llega a la presidencia por medio del democrático fraude
y que posteriormente, procede -entre otras cosas- a la militarización
de varias ciudades y regiones del país, con el pretexto de
la inseguridad, el narcotráfico y la creciente oleada de
secuestros. Todo esto muy discutible, digamos... ¿No es la
inseguridad la misma cosa -si se analiza desde otra perspectiva-,
algo que podemos llamar injusta distribución de la riqueza,
a la que también podemos llamar concentración de la
riqueza en unas cuántas personas? Claro, cuestión
de enfoques... Pero es ahí donde está la clave: en
el lenguaje, en la manera en que describimos nuestro entorno.
Hay muchos posibles ejemplos, pero va uno de la
década pasada: México todavía no le daba la
espalda al zapatismo por la llegada de la alternancia (que se nos
presentó con botas y sombrero y bajo el nombre de Vicente
Fox), pero estos ya habían empeñado el fúsil
por la palabra y habían accedido a un diálogo con
el gobierno, siempre y cuando se involucrara también la recién
descubierta sociedad civil. EL escenario eran los diálogos
de San Andres, que ocurrían en San Andrés larrainzar
(como lo llamaba oficialmente el país) o San Andrés
Sakamche'n de los Pobres (como lo llamaban los zapatistas). Sí,
palabras, porque era el mismo territorio. Pero palabras más,
palabras menos, el hecho de que el pueblo llevara el nombre de un
general (Larrainzar) que decidió cortarle una oreja a cada
uno de los indios, no parece una buena idea para nombrar a una población
mayormente indigena. O sí, a como piensa su poderosa minoría,
quizá sí.
Continúo: entonces corrían los diálogos
y según cuenta el historiador Felipe Echenique, que era miembro
de una de las mesas en las que el gobierno (que entonces era el
de Ernesto Zedillo Ponce de León) y los zapatistas no llegaban
a ningún acuerdo: la mesa de educación y cultura indígena...
Y según cuenta Echenique, los representantes federales decían,
bueno, ¿cuánto dinero mas se necesita? ¿Cuántos
pizarrones, gises, escritorios? Y bueno, que el punto era la autonomía
índigena en cuanto a su educación y a su historia,
que está claro es muy distinta... y que evidentemente el
gobierno federal nunca iba a aceptar, por claras cuestiones que
no tienen otra cosa que ver que con que necesitan tener un control
radical de la historia, la cultura y la educación, simple
y sencillamente por dinero, poder, etc.
Y al final de cuentas, los díálogos
de San Andrés llegaron al punto en que se convierten en los
infames Acuerdos de San Andrés y que los ratifican tanto
el gobierno, la sociedad civil y los zapatistas, excepto que cuando
le toca el momento al presidente de firmar, dice que no. Y ni un
paso atrás. La enseñanza es clara: las cosas son así.
El diálogo es imposible. Ya no más volver a perder
el tiempo. Luego la marcha a la ciudad de México y la euforia
de todo el país y finalmente eufotia ideosincrática
que se traduce en 6 años de democracia y la fría espalda
para aquellos indígenas que empeñaron las armas por
la palabra. Que a final de cuentas, todavía hace un par de
meses un artista visual en tijuana, de esos normales, posmo, contempo
que exhibe aquí y allá, decía que nunca pudieron
hacer nada, que cómo diablos no atacan a los narcos, que
dónde dejaron las armas. Y al hablarle de los municipios
autónomos y la practica de la vida diaria, dijo que eso no,
que eso qué.... Y cierto, viniendo de alguien cuyo pan de
todos los días es colaborar con el gobierno federal qué
podemos esperar, pero por otro lado, qué clase de autoridad
moral puede tener él. Ya lo veo: Calderón inventa
el reality show de la guerra contra el narco, los medios de comunicación
corporativos la guionizan, el ejercito actúa: la masa (que
no multitud) hace el papel de extra, y los platos rotos los tienen
que pagar los de abajo y a la iquierda. Claro, ¿de qué
otra forma podía ser?
A propósito de esto esta la brillante crítica
que hizo el Comandante David en la mesa de Otra comunicación,
otra cultura, que compartimos junto a otros artistas Y comunicadores
en el festival mundial de la digna rabia en la universidad de la
Tierra, en San Cristobal de las casas, a esos artistas y escritores
que en un primer momento se acercaron a los zapatistas y que después,
cuando se dieron cuenta que las cosas eran serias, decidieron regresarse
a servir a quienes mejor les convenía. No creo que valga
la pena decir nombres. Y que yo recuerde eso fue así, tajante,
y de una manera radical.
Y es que eso, en un estado democrático como
el nuestro. Un estado que todo lo controla, todo lo comprende (cuestión
de enfoque), el arte se ha convertido en una profesión....
Una donde por cierto, a cada rato surge la pregunta de qué
es arte y que claro, nadie puede responder, por qué cómo
vamos a hacer eso... pero vamos, que si este es un estado democrático,
podemos resumir con millones de dólares en presupuesto para
arte, arte es todo lo que este asume o apoya con su presupuesto.
Y no lo es aquel que no beneficia. Y a partir de la caída
del muro de Berlin y la perestroika, este gremio ya convino que
el arte no puede ser político. Aunque en su contra se puede
decir que todo arte financiado o apoyado por el estado es un arte
político, mas cuando este tiene una linea que siempre va
de la mano con su programa económico, que se yo. Así
que el arte politico existe y vivimos bajo el brillante sol de un
estado radical que no duda en militarizar las ciudades, y habitamos
una capital donde esperamos la mayor ganancia con el menor esfuerzo
(como en cualquier otra sociedad neoliberal), lo que nos recuerda
que cuando el Partido de la Revolución Democrática
denuncia un fraude en las elecciones democráticas del 2006
y toma el Paseo de la Reforma, entre muchas otras cosas dando espacio
para el arte.... la toma de la calle termina porque se obstruye
el tránsito de la ciudad. Va una anécdota, en ese
momento, no se por qué, de repente las personas que entonces
llevábamos el servidor de possibleworlds.org pensamos en
poner una oficina ahí mismo en el Paseo de la Reforma, quizá
junto a la Bolsa mexicana de Valores o la Torre Mayor. Pero no lo
hicimos, ya estabamos en la Otra Campaña y teníamos
claro, que el cambio se hace día a día (cambiando
cosas en nuestra vida misma, pensando en otras formas de organización
social y en modelos económicos distintos) y que las elecciones
democráticas no eran el camino. Que perder el tiempo precioso
ahí, no era para nosotros.
Va otra historia, en algún momento, una
amiga escritora me llevó a la feria del palacio de mineria
a ver la mesa de los jóvenes escritores, todos ellos becados
y hablando de algo que claramente desconocían: la literatura
electrónica. Hablaban entre otras cosas de cómo la
censura no existe en nuestro país y como los escritores no
son leídos porque la literatura es como una ciencia que va
miles de años adelante de la iletrada población. Detalle
curioso: afuera la APPO se manifestaba por el asunto del cierre
de radios comunitarias y el país le quitaba el lugar a Colombia
como el país americano donde hay mayor cantidad de asesinatos
a periodistas. ¿La censura terminó o los escritores
perdieron el filo? Voto por la opción b. No decían
hace unos años los escritores de América: cojamos
el fusil y la pluma. Decía Don de Lillo que hace unos años
los poetas de América Central tenían que salir con
pistola y que eran ellos quienes creaban los mitos del mundo. Pero
hoy el escritor es casi un burócrata más. Dice la
frase: Lo que pierde un novelista, lo gana un terrorista. Y eso
lo dice todo: el lenguaje. Primero el post-estructuralismo deterritorializo
al escritor, luego el lenguaje convirtió al activista en
terrorista. Y ahora la visión satelital, le da un jaque mate
mortal -por fin- a la topografía rizomática que lleva
a la gloria el heroismo del burocrata ordinario que se siente culpable
por colaborar. ¿Quién no lo haría en su lugar?
Y claro, se vale soñar. Pero no estaría de mas que
lo hicieran como Don Quijote, cuyas peripecias y sueños llevan
alimentándonos 400 años después, con recursos
literarios brutales que no pasan de moda y sin recurrir ni por un
instante a los lenguajes de la democracia y la guerra contra el
terrorismo, que no hacen mas que evidenciar que el poder en turno
-como diría José Luis Brea- recurre al new media y
a la teoría de las redes para continuar con sus complacientes
ejercicios de comunicación, que ante todo eliminan de facto
y por tecnicismos, cualquier disensión posible. ¿Bajo
estos términos es posible el arte radical? ¿y si sí,
su asimilación?
Tenemos el caso de la Resistencia Creativa de Jesusa
Rodríguez, donde utiliza el arte como una mera estrategia
de lucha partidista, lo cual, pese a todo es muy distinto que lo
que hacen aquellos artistas que buscan anexar sus prácticas
de arte-activismo en los museos y galerías y las agendas
y presupuestos del arte y la cultura estatal. (quizá para
hacer del activismo, que ya de por sí es una práctica
reformista que se puede criticar y que hasta Benjamin lo hizo a
fondo). Porque sí, el arte tiene un poder innegable (aunque
limitado), ¿pero cómo podemos convertir estos ejercicios
reformistas en prácticas artísticas radicales es la
cuestión. ¿Cómo hacerlas parte de un programa
que no las reduzca a situaciones aisladas, para que puedan ser una
amenaza al arte estatal que se lleva a embajadas y se muestar orgullosamente
en los museos? La respuesta no puede ser cómoda, porque tenemos
que partir del hecho de que la mayoría de estos organismos
eliminan a priori el pensamiento claramente político (alegando
que eso no es arte), pero si contenido viene velado no importa,
finalmente eso lo hará inofensivo. Y aquí viene otra
cuestión, el hecho de que el arte en méxico sea anti-democrático
y para beneficio de unos cuantos, lo convierte casi casi que en
entretenimiento para ricos sensibles urbanos. Pero no, porque tampoco
se le puede negar la cualidad de pertenecer a un programa político
neoliberal.
Citando por ejemplo el caso de los nuevos medios
y su lenguaje y las otras formas de organización social y
su distribución de conicimiento que conlleva, y que en países
europeos y USA se presenta como una posibilidad de emancipación,
en nuestro territorio (que conoce de teoría de redes e inteligencia
y practica una inteligente control en redes distribuídas)
encuentra los mecanismos adecuados para purificarlo y volverlo suave
y limpio.... como una promesa de un mañana mejor.
En el caso del zapatismo al que siempre se le quiso
relacionar con los nuevos medios, y como una revolución posmoderna....
bueno, ahí lo que podemos ver es una cuestión de auto-legitimización
del capital, pues a final de cuentas es el internet y sus profetas
quienes quieren apropiarse de una lucha indigena rebelde con asociaciones
mestizas a la teología de la liberación, el maoísmo
y el castrismo... diciendo que el zapatismo triunfó gracias
a internet. Cosa que puede ser, pero en todo caso, como bien comentaba
la periodista Gloria Muñoz en enero, es que el zapatismo
en sí nunca usó internet.
Y me encantaría hablar de algunas prácticas
que busca la otra cultura de la otar campaña, pero no hay
tiempo. Solo me gustaría terminar diciendo que el arte esta
secuestrado, como las ciudades, como los negocios, como los museos.
como el internet... ¿Pelear por una palabra? No, por esa
en particular no. Ya una cierta aristocracia ha logrado adherirse
al presupuesto nacional, siempre distanciandose del proyecto de
la modernidad, algunos tan radicales como José Luis Cuevas
y su manifiesto del nopal. Han logrado separar por completo la práctica
artística del discurso de la realidad nacional que vivimos
los peatones, los soñadores, y todos aquellos que no tienen
acceso a los palacios de marfil donde brilla y pulsa el arte, los
artistas, las musas y sus ninfetas.
No se quejaba una joven investigadora de videoarte
hace 2 semanas en este mismo lugar, que el videoarte de USA no es
mas que el videoarte del imperialismo (comentario mío: como
si el videoarte mexicano estuviera libre de los grandes apoyos del
gobierno federal: oyéndola hablar encuentro mas sentido a
que la telenovela de Televisa sea una práctica narrativa
audiovisual contra la hegemonía cinematográfica de
Hollywood). Y decía también que en México cada
que un investigador decide escribir sobre el video arte mexicano
tiene que comenzar desde cero y recurrir a los 3 libros que hay....
Uff, qué bueno que no le tocó como a Lucía
Morett, que tuvo la mala puntada de buscar la congruencia y salir
a investigar al campo sobre el teatro guerrillero de las FARC, y
estar en el mal momento en que el Ejercito Democrático del
Narco-estado de Alvaro Uribe decide bombardear su campamento en
Ecuador, porque entonces se habría dado cuenta lo poco que
a los trabajadores del arte y la cultura que dependen de conaculta
les interesa en realidad la investigación, la práctica
artística, y todas esas palabras que usan cada que quieren
pedir un aumento o como cada los lloriqueos del CCC cada que le
van a reducir el presupuesto. A Lucía la quieren extraditar
y Calderón está de acuerdo, pero en los 90s algunos
artistas hicieron cosas mucho mas criticables en el mundo del arte
en df, la generación Nafta, y a ellos los premiaron con toda
clase de condecoraciones. Sí, claro, de acuerdo, eran inofensivos
y sólo iban por su muy particular 'gol' personal.
Resumiendo: En México el arte esta secuestrado,
como la presidencia, como las ciudades, como los negocios, como
los museos. como el internet... ¿Qué mas radical que
ellos se puede ser?
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